Las vueltas de la vida
- Yania Suan Lizarazo
- 24 ago 2021
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 7 sept 2021
Había una vez una niña llamada Rosita, tenía 17 años, piel blanca, una estatura promedio. unos ojos grandes y unas cejas pobladas, era muy buena persona y buena compañera siempre les había hecho caso a sus papás desde muy pequeña, era obediente y no le gustaba salir nunca de su casa pues decía que podía aprovechar ese tiempo estudiando o disfrutando con sus familiares.
Siempre estuvo en el mismo colegio desde muy pequeña, le gustaba charlar y disfrutar con varias personas, sin embargo, no era de tener muchos amigos pues ella era muy tímida y no sabía cómo empezar una conversación con un extraño, sin embargo, una vez a su clase llegó una niña llamada Camila.
Camila era físicamente la niña de ensueños de los compañeros de Rosita, tenía cabello largo y rojo, unos ojos verdes muy penetrantes, una nariz en forma de tobogán, una cara completamente armoniosa, al igual que Rosita, Camila tampoco sabía como empezar una conversación con alguien ni mucho menos siendo nueva, por lo que no se le acercó a nadie más que al pupitre al entrar al salón. Sin embargo, al tener las facciones que tenía, más de uno quiso acercarse, haciéndose así amigos de ella, bueno, a excepción de Rosita, que no se había atrevido a causa de su timidez.
Luego de dos semanas se asignó un trabajo en parejas, estas asignadas por su tutor, a causa del destino, Camila y Rosita quedaron juntas, por lo que empezaron a acercarse y poco a poco se dieron cuenta de que conectaban muy bien.
Para resumir parte de la historia, se volvieron muy buenas amigas, compartían todo, o bueno, Rosita le compartía todo a Camila, le contaba sus anécdotas, sueños y metas por cumplir, Camila la escuchaba, solo la escuchaba.
Poco a poco Camila empezó a decirle cosas muy hirientes a Rosita, como que debía arreglarse más porque de lo contrario no iba a obtener nada, que debía operarse ciertos lugares de su cuerpo y de su rostro para ser más bonita, que debía hacer más ejercicio para que la ropa se viera mas bonita, entre otras cosas.
Rosita no prestaba atención a este tipo de cosas al principio, pues ella tenía claro que lo que importaba era como trataba a los demás y a si misma, la importancia del amor tanto propio como hacia los demás, pero poco a poco este sentimiento fue desapareciendo, pues Rosita empezó a notar que Camila conseguía todo lo que quería con su cara bonita, haciendo ojitos y tomándose unas buenas fotos, que el estudio y las buenas acciones, no le daban a Rosita lo mismo que a Camila le daba su físico.
Rosita se sentía cada vez peor por ser la sombra de Camila, no entendía como era que su físico ayudara tanto y como alcanzaba tantas cosas, incluso notó como Camila empezó a estudiar modelaje, “En las fotos no se ven los pensamientos” decía para si misma Rosita, entristeciéndose cada vez más por no ser como ella.
Después de un tiempo, Rosita notó que las personas que Camila se hacía amigas o amigos, eran personas demasiado superficiales, que no tenían nada interesante en el cerebro al igual que Camila, que solo veían lo de encima y les bastaba con eso, lo que le hizo a Rosita darse cuenta de que debía volver a ser ella misma, pensar de la manera que pensaba y seguir enriqueciendo su cerebro, así que tomó la decisión de alejarse para siempre de Camila.
Pasaron los años, Rosita se volvió empresaria y no una cualquiera, se volvió una de las más importantes y bien pagadas del mundo, aunque, no solo importa el dinero en la vida, también de rodeó de personas que la quisieron y apoyaron como nunca lo hizo Camila, Rosita era feliz, por fin tenía paz.
Por si quedaba la duda de que pasó con Camila, bueno, ella siguió con su carrera de modelaje, sin embargo, perdió muchos de los trabajos que se le ofrecían donde evaluaban su intelecto, también se hizo amiga de personas que la hacían sentir mal y cada vez le criticaban más su apariencia, pero al ser igual que ellos, no pudo salir de este círculo. Realizado por: Klaire Espinosa, 1002 JM





Comentarios